Epílogo

“Nunca es tarde si la dicha es buena”. Así comenzó la primera entrada de este blog. Un experimento que comenzó casi dos años atrás cuando le sugerimos a mi suegro Javier, combinar dos de sus intereses – la escritura y la tecnología. El primero por habilidad – siempre había sido un gran escritor y comunicador – y el segundo por curiosidad – siempre tuvo una fascinación por la tecnología, aunque a veces fuese el interés de un explorador descubriendo una nueva especia de criatura que bien podía ser amistosa o quizás, desastrosa. 
Pues trescientos diez y nueve artículos y más de mil quinientas visitas después, hoy me toca a mí, con el dolor del alma, hacer la última entrada. Esta madrugada, rodeado de su familia y seres queridos partió Javier. Cuando lo vi por última vez ayer en la tarde en el hospital, conversamos. De hecho fue él el que me pidió que lo despidiera por este medio. Lúcido como siempre, era evidente que estaba en paz, y preparado para lo que se avecinaba. Le aseguramos, sus yernos y su hijo Xabi que nos ocuparíamos de su esposa Stella y sus hijas Madalen y Maite, sus tres Amores – sus tres Torres como en una ocasión lo escuche llamarlas. También le aseguramos que nos ocuparíamos de sus seis nietos – las seis luces de sus ojos. 

Pero lo prometido es deuda así que de parte de Javier, les extiendo su despedida y su agradecimiento por acompañarlo en esta aventura cibernética. Todos extrañaremos sus anécdotas, en mi caso las escritas como las verbales en persona. Pero sepan que se fue tranquilo, en paz y rodeado de sus seres queridos, incluyendo su familia en España quienes pudieron hablar con el ayer en la mañana. Siendo una persona espiritual, estoy seguro que él apreciaría sus oraciones y buenos recuerdos. 

Gracias y Hasta Luego.

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