19 February, 2017 16:55

DE ODIOS Y DE PERDONES.

Estoy leyendo estos días la novela “Patria” de Fernando Aramburu. Sé de qué va porque estoy ya en las rampas de descenso hacia las conclusiones que el autor sin duda dejará en el aire para que sea el lector el que las formule. Y porque Mario Vargas Llosa, en un artículo que dedicó a la novela, después de elogiarla profusamente, descubrió el contenido del último capítulo, el único, decía don Mario, de clara ficción, el del perdón, en ciento veintitrés de no menos claro realismo, los del terror Para mi gusto y opinión, el adjetivo calificativo que mejor le cuadra a la novela es el de formidable en su doble acepción, la de su uso actual y la de su etimología. Según la primera, el libro es estupendo, maravilloso. Lo encuentro extraordinario en el aspecto exterior de estilo literario. Originalísimo, como el que más de cuantos han pasado por mis manos. Introduce al lector en el meollo de la trama, nada más y nada menos que ETA y el terrorismo. En su acepción etimológica, “formidable” significa espantoso, que produce espanto (formido, formidinis), horrible, aterrador. La novela trata de un caldero en el que hierben odios y muertes sin justificación ni sentido. Qué fácil se derraman y esparcen los odios. Qué difícil salir de ellos.¡Horrible!. Leía esta mañana, domingo 19, el comentario de José Antonio Pagola, vasco, autor de “Jesús. Aproximación histórica”, al texto evangélico de la liturgia del día (Mateo, 5,44), en el que Jesús pide a los suyos: “Amad a vuestros enemigos”. “El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias, a la persona se le puede hacer prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar”. Me vino a la mente al leer estas palabras: Pagola ha leído la novela “Patria”. Otro comentarista del mismo texto, ante lo difícil del amor y del perdón al enemigo, decía que el filósofo alemán Nietzsche debió tener en mente las palabras de Jesús sobre el amor al enemigo cuando escribió: “Hubo sólo un Cristiano, y él murió en la cruz”.

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